Madrid no nos pertenece

Ni a los madrileños, ni a los arquitectos. Y mucho menos a los políticos de turno o las empresas, vengan de donde vengan.

Madrid es Patrimonio de todos, y como tal deber ser tratado. Lo de todos no tiene propiedad ni dominio, carece de exclusividades y no debe estar sujeto a criterios dudosos.

Simplemente, debe ser respetado, cuidado, promovido, mantenido e incluso mimado.

Pero en ningún caso vendido, regalado, cedido o destrozado.

Quienes

Pero somos todos quienes debemos ejercer nuestro deber de cuidar para después poder disfrutarla.

En primer lugar los ciudadanos. Proteger nuestros edificios para mimar nuestra ciudad: su aspecto, su consumo energético, su relación con el entorno, etc.

En segundo lugar, los profesionales: Arquitectos, Aparejadores, Ingenieros, Constructores, Promotores y resto de agentes vinculados a la construcción, mantenimiento, gestión y explotación de inmuebles.

El tercer puesto le corresponde a las instituciones. Ay, las sagradas instituciones.

Ay, las instituciones

Asociaciones de todo tipo (aunque a muchos molesten, el auténtico motor del Siglo XXI) desde vecinales a profesionales, pasando por ecologistas y comerciantes. Todas esas potentísimas asociaciones que surgen de la necesidad de los ciudadanos de cubrir las carencias de otras instituciones.

Ay, las instituciones.

Los Colegios profesionales, y en concreto el nuestro, el de Arquitectos de Madrid.

Este que se ha comprometido con la ciudad de Madrid por muchos muchos años, rehabilitando un edifico que se había convertido en un agujero dentro de la ciudad y arrastrando con ello a su entorno, para beneficio de los vecinos, de los arquitectos y de los ciudadanos en general.

Y al final, el Ayuntamiento.

Ese organismo etéreo lleno de intereses contradictorios, capaz de promover un Madrid Río que a todos nos llena de orgullo, y rematarlo con un centro comercial que incumple todo lo legal y lo estético (firma AQUÍ contra ello).

Un ayuntamiento que compra el Frontón Beti Jai pero aún no sabe si será un BIC o no. Algunos ya no sabemos si realmente un BIC es un bien de interés cultural o algo de bajo precio que sirve para pintar y regalar.

Un organismo que se permite infringir la ley para poder subastar el edifico de Plaza de España con la excusa de regenerar una zona clave de la ciudad que antes él mismo ha llevado a la extenuación y el abandono.

El mismo que va cediendo privilegios, poco a poco para que no se note, a los promotores del derribo casi total del Complejo de Canalejas con la inestimable colaboración de algún arquitecto estrella acostumbrado a jugar en otras ligas.

El ayuntamiento de la capital de España, que se permite el lujo (y el desprecio a la ciudadanía) de aprobar la cesión por 75 años de los 3.000m² que solicitaba el empresario (y arquitecto) Ambasz para su museo particular, denominado «Museo de las Artes, la Arquitectura, Diseño y Urbanismo (MAADU)«. +info aquí.

Miedo, mucho miedo

Miedo dan los acuerdos de profesionales encumbrados en instituciones públicas con intereses particulares (muy particulares) firmando acuerdos con instituciones públicas (Ay, las instituciones). Decanos que contratan con los ayuntamientos a los que no se enfrentan, candidatos a decanoque desarrollarán sus trabajos con el ayuntamiento mientras sean decanos (menos mal que es casi imposible que gane) y miembros de juntas de representantes que participan en el deterioro permanente del patrimonio de la ciudad, explotan a sus trabajadores o simplemente desean ediciones en papel de revistas de diseño para «cuando vayan a la cárcel» (sic).

Hay alternativa, hay esperanza

Este panorama es preocupante, pero no inamovible.

Cuando se repiten candidaturas durante décadas, y se produce una alternancia cíclica entre los intereses personales camuflados de progresismo intelectualoide y la pasividad eclesiástica del resto, no hay opción.

Por eso existe nuestra candidatura.

A4C es el único grupo que entre sus miembros (con décadas de experiencia profesional en obra nueva y rehabilitación, protección de patrimonio, desarrollo urbanístico, doctorados, trabajos de investigación, concursos públicos y privados) no existe ningún caso de contratación dudosa con el ayuntamiento, destrucción activa del patrimonio ni proyectos faraónicos pendientes de aprobación.

Porque la correcta gestión de un colegio profesional comienza con unos principios éticos claros y transparentes. 

El resto, solo es trabajo, mucho trabajo. 

Vótanos para que podamos hacerlo.

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